Todo arrancó un domingo al volar a Ushuaia, la ciudad donde el fin del mundo se convierte en punto de partida. Viajábamos con Gastón y, al llegar, supimos que Santi había volado antes. La noche fue sencilla: una cena compartida y un descanso merecido, cargando energías para el viaje que estaba a punto de comenzar.
Preparativos y Primeros Kilómetros
El lunes temprano nos puso en marcha con una misión crucial: recuperar las motos. Tanto la mía como la de Gastón habían quedado en un contenedor en una pesquera, y para nuestra alegría, se encontraban perfectas. Esa misma jornada, la moto de Santi llegó por camión desde Buenos Aires, simbolizando el inicio de una ruta épica que se extendía desde el extremo sur de América hasta Alaska. Tras una breve parada en “la pataia”, punto final de la Ruta 3 y del recorrido en nuestro continente, emprendimos la travesía. La tarde nos llevó de vuelta a Isabel, donde degustamos un cordero al disco “a la cazadora”, un manjar digno de los dioses.
El Viento Patagónico y el Museo de Motos 3005
El martes, partimos hacia Centro Sombrero, enfrentándonos de lleno con el legendario viento patagónico. En el camino hicimos una parada en el Museo de Motos 3005, un alto en la ruta lleno de anécdotas. Fue ahí donde el detalle se volvió memorable: Gastón olvidó traer su pasaporte para sellarlo con el medio sello que certifica el viaje Ushuaia–Alaska. Yo logré firmar el sello, pero después lo perdí, añadiendo otro obstáculo a la travesía. Sin embargo, el espíritu aventurero prevaleció y continuamos.




Ferry, Tierra del Fuego y una Llegada de Ensueño
El miércoles amaneció con la adrenalina de un nuevo comienzo. Un ferry nos sacó de Tierra del Fuego y, en pocas horas, nos vimos en Puerto Natales, donde el viento intensificaba cada emoción. Guanacos y ñandúes se convirtieron en cómplices del viaje, mientras la naturaleza desplegaba su grandiosidad en cada kilómetro. Con el estómago lleno y la mente repleta de imágenes inolvidables, la noche en Puerto Natales nos ofreció el merecido descanso.
Entre Paisajes y Sabores: De Puerto Natales a El Calafate
El jueves nos trasladamos hacia El Calafate, recorriendo la encantadora Ruta 6 de Chile, una carretera que enamora por sus contrastes: montañas, lagos y horizontes infinitos. Cruzar a Argentina implicó enfrentarse a kilómetros de ripio, un reto que, a pesar de su dureza, realzaba la belleza salvaje del camino. Al llegar, nos esperaba Lucas – el “Mayor de El Calafate” – quien nos recibió con la calidez de un amigo de toda la vida. Nos hospedamos en una cabaña preciosa y nos llevó a comer en el restaurante del Corto, un personaje que ha viajado por el mundo y cocina de forma casera y natural, creando platos que eran simplemente increíbles, como la mejor milanesa de vacío del mundo.





El Impacto del Glaciar y la Prueba de los 70 Malditos
El viernes fue un día de contrastes extremos. Por la mañana, el Perito Moreno nos dejó sin aliento. El trayecto de 80 km nos regaló panoramas impactantes: el hielo milenario, sus matices cromáticos y la imponente magnitud del glaciar parecían contarnos secretos de eras pasadas. Tras la visita, regresamos para almorzar nuevamente con Lucas y degustar un suculento cordero patagónico en un lugar alucinante.
Cuando el reloj marcó las 5 de la tarde, se presentó el dilema: continuar antes o después de los “70 malditos” de la Ruta 40, una sección de 70 km de ripio que se extiende hasta 150 km de desafíos. A pesar del temor inicial de Gastón, la experiencia se transformó en una epopeya personal. Con determinación, cruzamos ese tramo y llegamos a Gobernador Gregores al caer la noche.
Contratiempos y Decisiones en la Ruta 40
El sábado amaneció con nuevos desafíos. Desde Gobernador Gregores, avanzamos 250 km hasta Bajo Caracoles, un pequeño pueblo donde la brisa implacable se hacía notar. Durante la parada, descubrí que había perdido mi sobre con todos los documentos de la moto y mi pasaporte, ese mismo documento que ya había sufrido en el museo. Tras un intento de retroceder unos 100 km para recuperarlos, el viento y el estado deteriorado de la ruta nos obligaron a aceptar que se habían perdido entre la nada patagónica. Sin la posibilidad de cruzar a Chile por la Carretera Austral, decidimos retomar la Ruta 40, llegando a Governador Costa, donde, a pesar del fuerte viento, el paisaje seguía regalándonos momentos memorables.
Entre Montañas y Lagos: De Ezquel a Neuquén
La siguiente etapa fue un verdadero recorrido por la esencia de la Patagonia. Subiendo por la Ruta 40, pasamos por Ezquel y “El Hoyo”, antes de detenernos en El Bolsón para disfrutar de un asadazo tradicional. En Bariloche, la presencia de numerosos camiones de bomberos, trabajando contra los incendios de la zona, nos recordó la fragilidad y la fortaleza de estos paisajes.
Llegamos a Villa La Angostura, donde la hospitalidad alcanzó otro nivel. Nos alojamos en la casa de Elvio, otro amigo de Santi, y esa noche compartimos una cena que nos envolvió en la calidez de un hogar: Elvio y su familia nos hicieron sentir como en casa, cerrando con broche de oro una jornada llena de emociones.
Al día siguiente, emprendimos el icónico camino de los 7 lagos, un tramo que se ganó el título de “lo más hermoso” de la travesía, con paisajes que parecían salidos de un sueño. En San Martín de los Andes, unas empanadas – que prometían ser las mejores de la zona – nos dejaron un sabor agridulce, y un encuentro con un británico que recorría Sudamérica en su GS1200, con más de 320,000 km acumulados, reafirmó que la pasión por la ruta no conoce fronteras.
Finalmente, tras debatir entre detenernos en Zapala o El Chocón, decidimos continuar hasta Neuquén, destino final de esta etapa. Allí nos esperaba El Colo, amigo que se recuperaba de un accidente de motocross ocurrido apenas una semana antes, y que pronto estaríamos felices de ver en perfecto estado al retomar las motos para proseguir la aventura.




4 Comments
jorge
excelente viaje,
MArtin
ME encanto el relato! Quiero más!!
Edwin Vargas
Espectacular narracion Locoo
El Abuelo
Imprecionante travesía. Aun con toda la tecnología imaginarse en el medio de la nada con medio tanque para llegar al siguiente destino. Buen y seguro viajes amigos!